INSANE. La segunda madre



Lanzamiento italiano de Trastorno: INSANE, que como todo el mundo sabe, significa "trastorno" en italiano. Además le añaden un subtítulo: La segunda madre. Y cartel propio, a mi juicio más eficaz que el nuestro. Tantos años de giallo les ha enseñado a vender bien el género. Italia... cuna de nuestros terrores.


¡FINALISTA PREMIOS NOCTE!


Todavía más ilusionado por esta nominación de mis propios colegas de género (NOCTE). Mil gracias por el recibimiento literario. Ahora me cortaré las venas para dejar el pabellón bien alto. ¡Arrrgggg!


¡FINALISTA PREMIO IGNOTUS!



Alegrón enorme por esta nominación a los Premios Ignotus con mi primera novela, NecróParis, cuya portada (Felideus), también es finalista. En fin, malditos votantes... ¡me obligaréis a escribir otra! A ver qué ciudad toca...


CARCOMA TERMINAL

Durante los años 93 y 94, estuve, aparte de iniciándome en el mundo del guión, muy centrado en la pintura con AERÓGRAFO, una técnica que me fascinaba por su capacidad para crear imágenes realistas. Mi amigo Simón y yo quedábamos los sábados y, en media jornada mañanera, decidíamos tema, diseño y pintábamos un cuadro completo (sí, sí, también se puede pintar a medias). Era una práctica que se veía recompensada por la inmediatez del resultado. Aunque bien es cierto que cuanto más se trabajaba cada detalle y se le aumentaban las sesiones, mejor era el efecto y acabado.

Dado que los maniquíes eran uno de mis motivos recurrentes favoritos (además de fáciles de dibujar), hice varios cuadros (no los llamo ilustraciones porque intentaba casi siempre emular al óleo) con esos personajes diseminados casi siempre por ambientes urbanos. Y casi para cerrar este ciclo inacabable, maté al protagonista encerrándolo en un desván, donde sufrió durante meses de Carcoma Terminal. En un primer boceto que hice en solitario, formato 50x40 más o menos, añadí a un observador dentro del cuadro, quizá yo mismo, cualquiera:


Además de haber perdido ya una pierna, se veía una especie de charco, quizá se había meado de dolor, quizá eran los últimos brotes de resina que expulsaba su cuerpo. Lo cierto es que los maniquíes eran un Macguffin para pintar el lugar. Lo que realmente me interesaba era ese ambiente nocturno, el olor a humedad, la brisa... Intentaba pintar un recuerdo que tenía de otra vida, en el que, a través de
esa ventana, se atisbaban cúpulas bizantinas, un poco como las que mostraba el cartel de Una habitación con vistas.

A Simón le gustó mucho este cuadro, y nos decidimos a hacer una versión perfecta, definitiva, echándole todas las horas necesarias y pintado sobre una superficie profesional, fabricada con una lechada sobre una tabla firme (de 150x80), como trabajaban los frescos antaño, para aproximarnos aún más a un estilo pincel.



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La iluminación pasó a día, para poder manchar de luz la pared y hacer más patentes los desconchones producidos por la barra de metal del muñeco, que lanzaba de un lado a otro durante la agonía. Y el observador se nos fue. Solo nuestro punto de vista, sin nadie que pudiera auxiliarle.


El resultado nos dejó tan cretinamente encantados que aquél fue nuestro último cuadro juntos, como si hubiéramos extraído el uno del otro todo lo que podíamos aprender. Sentimos un profundo secano (impuesto a veces por nuestras profesiones, que cada vez nos demandaban más), pero creo que, aparte de exhaustos, no creímos poder mejorarlo, así que era un buen punto y final. Desde entonces, yo habré pintado apenas diez cuadros más, todos óleos. Simón, bastantes aerografías más. Quizá algún día, cuando nuestros niños sean mayores y estén bebiendo absenta, nos volvamos a reunir para inventar otro de estos pequeños mundos. En realidad, ahora me doy cuenta de que no importaba el resultado, sino el proceso. Es el viaje lo que cuenta, no la meta, como dicen los sabios. Camino y compañía.


LA NATURALEZA DE MIS ENTRAÑAS


Cada uno de estos átomos representa la configuración de mi cerebro. Portadas grabadas a fuego en sus más pequeños detalles, textos que han forjado mi mente narrativa, lugares donde habitar eternamente... Muchos días, todavía me doy una vuelta por el Patio Salvaje. Rocky Beach, tan cerca, y tan dentro. He situado las portadas cronológicamente y sólo he aceptado los casos de la primera etapa. Incluso sobran casi los cuatro últimos títulos. Poster dedicado a la memoria del gran Robert Arthur. Y por supuesto, a las portadas nacionales de Badia Camps y a las ilustraciones interiores de Escolano. Editorial Molino, mítica. Y eterna.

Ayer vi... EL GATOPARDO

en los impagables cines VERDI. Y digo impagables porque 7,50 no es precio por permitirte vivir en Sicilia en 1860. Y no lo digo porque me fascine especialmente esa época o lugar -que no- sino por la increíble experiencia de habitarla realmente. ¡De estar allí! De sentir la brisa que agita los visillos del gran palacete. De revivir experiencias no vividas, como la de estudiar con un profesor particular en la  enorme terraza donde cada familiar campa a sus anchas. De compartir junto a Burt Lancaster esa sensación tan actual como eterna de que los tiempos cambian y hay que adaptarse. Y como él mismo dice, “si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie.”




Las épocas se tocan. Nuestro hoy y aquél lejano ayer. Ves cambiar el mundo de entonces. Y ves cambiar el tuyo. Pero no lo adviertes porque lo vives desde dentro. Y así ha sido siempre. Esa sensación de que todo cambia para que, en el fondo, todo permanezca. El Gatopardo parte de una novela, de un autor que nos cuenta sus carnes, su mundo, su familia. Y por eso el retrato es tan certero. Honesto y genuino. Como también lo es la adaptación de Visconti, que lucha por los detalles, por el encaje de cada visillo, para que yo, muchos años después pueda sentir esa brisa. Porque, os diré un secreto, el aire corre de verdad para empujar esos finos tejidos, y no son la simulación de un magnífico efecto digital, que a costa de ser real, se convierte en hiperreal, o lo que es lo mismo, algo totalmente falso.

Gracias, cines Verdi, porque 1860 me pilla muy atrás. Y Sicilia muy lejos. A cuatro manzanas de casa más o menos. Impagable experiencia, insisto. 

CASETA 87


Pues allí que estuve, al lado del Gran Javier Quevedo Puchal, caseta de ESTUDIO EN ESCARLATI: charlas, firmas y un eterno diluvio al final. Yo creo que la caseta... ¡se movía! Gracias a los amigos, familiares y alumnos que os pasasteis... por agua.
 

FERIA DEL LIBRO 2011


Firmas de NecróParis el Domingo 5 de Junio de 18:30 a 20:30 en la caseta de ESTUDIO EN ESCARLATA, junto al gran Javier Quevedo Puchal y sus Cuerpos descosidos. Abstenerse de echar cacahuetes a los autores.

Cuando VITTORIO...

... hacía cine, escribía gente con la cámara, nunca trama con teclado.



Su presencia, tan magnética y segura, habla de tipos otra época, de estilos de personas que conocí hace años y echo de menos. Aunque con De Sica, todo es perfecto: das al "play" y vuelve a estar ahí, contigo. Qué suerte tan grande. Y eterna.