El asesino dentro del círculo


Se llama Joaquín Ferrándiz y está en prisión por el asesinato de cinco mujeres.

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El crimen de los Urquijo




Los Marqueses de Urquijo fueron asesinados a tiros mientras dormían. Y aunque hubo varios sospechosos, unos por odio otros por codicia, tan sólo uno de ellos fue condenado por el doble crimen: Rafael Escobedo yerno de los marqueses.

Premio especial Festival de Cine de Moscú



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El caso Wanninkhof




"El caso Wanninkhof"es una serie basada en hechos reales, que recuerda todos los sucesos que ocurrieron desde la desaparición de la joven de 18 años, Rocío Wanninkhof, en octubre de 1999, y su posterior asesinato, hasta el esclarecimiento del caso.

Nominada por la ATV a mejor tv-movie y mejor actriz.



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Trastorno



Natalia (Najwa Nimri) es una mujer afortunada que está embarazada de su primer hijo. Elena (Ingrid Rubio) es la hermana de Natalia, quien a pesar de múltiples tentativas no logra concebir una criatura, su mayor ilusión. El shock por los constantes intentos fallidos trastornan la mente desesperada de Elena, que no dudará en utilizar cualquier medio para tener un niño, cruzando el límite de la razón.

NOTAS DEL DIRECTOR
(Extraídas del dossier de prensa)

EL ENCARGO

Me ofrece Pau Calpe un guión.
Me plantea dirigir la película.
Me convence su pasión por el cine.

Y es que, básicamente, me entiendo con cinéfilos. Porque antes que cineasta soy espectador. Mejor la butaca de cine que la silla con tu nombre en el respaldo. Como decía Borges: «Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído».



Es muy generalizada la tendencia europea a despreciar el encargo. Pero yo me alegro de haberlo hecho. He aprendido que las diferencias entre un proyecto personal y un encargo no existen si lo asumes con la misma intensidad.

A fin de cuentas, el encargo siempre es una pieza personal, es tu versión, y otro lo haría diferente. Ahí está Repulsión, hermana mayor de Trastorno en muchos aspectos. El mejor Polanski resulta ser un encargo. Un canje para poder hacer Cul-de-sac.

Pau ha sabido dejarme espacio. ¡Y tanto! ¡3.000 m2 de casa!



Me dijo: hazlo tuyo. Y eso es lo que he hecho. Un poco más Baby Jane. Un poco más Repulsión. Un poco más Cría Cuervos. A cambio, siempre he sido consecuente con la naturaleza del proyecto. ¡Y qué difícil es ser fiel a un género! Hay que estudiar sus fronteras, conocer sus gentes, entender la razón de nuestras preferencias... Ser muy espectador.

Acertar en un encargo es doblemente satisfactorio: te gusta a ti y le gusta a quien te lo pidió. Al menos ya hay dos opiniones favorables, que con los tiempos que corren... ya es casi un taquillazo.


EL ENEMIGO EN CASA

Trastorno es la historia del trágico reencuentro de dos hermanas muy unidas en la infancia. Una historia sobre los celos. Sobre la maternidad. Y la sangre.



Básicamente es una película de suspense, de terror por momentos, que entra a formar parte del selecto club “enemigo en casa”, inaugurado por Hitchcock con Extraños en un tren. ¿Qué fue de Baby Jane? añadió el lazo familiar a la fórmula, convirtiendo a las antagonistas en hermanas, encerradas desde el principio. Atracción Fatal se centró en los peligros del sexo fácil; Mujer blanca soltera busca en la crisis de identidad; La mano que mece la cuna en la envidia y la venganza.

Todo parejas. Buenos y malos. Y curiosamente preferimos a los malos. Son destructores, pero activos. Apasionados con sus causas. A Glenn Close ya no hay quien la arranque de Atracción Fatal. A veces parece toda su filmografía. Y sería suficiente, porque nunca un personaje suyo tuvo tanta fuerza, sufrió tanto y nos dejó tan helados. Esa es la clave: definir bien al malo, humanizarlo. Que se parezca a un vecino, a un amigo, o a nuestra propia hermana. Y luego convertirlo en objeto de horror.



EL ESPACIO

La localización es tan importante que, en base a ella, suelo alterar el guión para aprovechar las particularidades del espacio. Hay que estar abierto a lo que nos brinda la realidad.

Me ha gustado explorar y explotar el espacio de Trastorno.



Quizá lo más motivador del proyecto era el encierro en una sola localización. Llevar la claustrofobia al límite reduciendo progresivamente la dimensión del lugar, hasta terminar en un pequeño baño. Agrandar el suspense y salpicarlo de momentos inesperados. Los thrillers son como una partida de ajedrez: pura estrategia en la colocación de las fichas. Debemos anticiparnos al final pero disfrutar de los sorprendentes quiebros del juego.



Trastorno es un viaje de la luz a la oscuridad, de lo externo a lo interno. Un cuento de gentes agradables en un entorno magnífico que se va distorsionando a la par que Elena. Exteriores luminosos que dan paso a habitaciones con persianas bajadas, puertas entornadas...

Y el eco de la canción ¿Por qué te vas?, cantada por Jeanette, recorriendo el lugar, susurrando silenciosa lo que sólo las hermanas saben. Su canción del pasado, rítmica, evocadora, de triste desamor, que se convertirá, tras la violencia, en una canción de horror y muerte. En un canto de sirena.



Me ha gustado imaginar a Ingrid y a Najwa como a las niñas de Cría Cuervos treinta años después. Es muy posible que esto sea lo que fue de ellas, con permiso de Saura-Querejeta.


Más de mil cámaras...


Una serie de sucesos, en apariencia cotidianos, involucran a un grupo de jóvenes universitarios en una inquietante trama de suspense. Una ruptura amorosa, una extraña web, una inquietante llamada telefónica que cita a los protagonistas en un zoológico desierto en mitad de la noche y el robo de una moto que les obliga a sufrir una peligrosa persecución por el Metro, resulta ser sólo el arranque de esta desasosegante historia.



Memorias del ángel caído


En una parroquia céntrica, durante la celebración de una misa, un grupo de fieles mueren envenenados tras comulgar. Mientras la policía se encarga de la investigación, los sacerdotes comienzan a sufrir extrañas visiones. La situación da un giro inesperado cuando los cadáveres de los comulgantes vuelven a la vida durante las autopsias. Todo parece relacionado con los vaticinios de un misterioso libro.

Memorias del Ángel Caído fue mi primera película. Y la última de un particular estilo de terror, anclado en los setenta. Un híbrido entre ese cine de ayer y el inminente renacimiento del género al borde del 2000. Fue una de las últimas películas montadas en moviola y, a la vez, una de las primeras en incorporar efectos digitales. Una de las últimas en vender nuestra identidad, a pesar del tema, y una de las primeras en buscar una particular renovación, a pesar de sus añejos referentes. Un cúmulo de contrastes propios de un moderno fabulador con viejos intereses.

A veces me preguntan cómo se consigue hacer una película de verdad, de esas que proyectan en los cines. Y yo siempre respondo que hay que mostrar absoluta confianza Jedi: «Hola, traigo este guión que quiero hacer». Y luego dar la brasa con inteligencia. Y no decaer si finalmente no sale adelante, porque el verdadero éxito consiste en ir de fracaso en fracaso sin perder la ilusión. O eso dijo alguien cuyo mayor triunfo fue enunciar esta simpática frase.


Otra frase, ahora de John Lennon: «La vida es aquello que te va ocurriendo mientras tú te empeñas en hacer otros planes». Y la cito porque, que yo recuerde, lo que realmente me interesaba por entonces era la ilustración, diseñar afiches, soñar carteles de películas. Y así fue como conocí a David Alonso, que entró en escena y confundió mi destino. Y lo ensanchó. Gracias, tío.

En Lotus Films, productores de Memorias, se funcionaba al estilo clásico: interesaba un guión y se buscaba la financiación para producirlo. Parece lo lógico, pero con los años ha ido creciendo una etapa intermedia llamada desarrollo -development hell, que dicen los Hollywoods-, como si los guionistas no hubieran hecho los deberes al presentar sus guiones (aunque en muchos casos, ciertamente, no). En realidad este desarrollo supone versionar el guión hasta la nausea para contentar a decenas de implicados que saben de puntos de giro, de empatías, de lo que sí funciona y lo que no... sin darse cuenta de que están replicando modelos y fórmulas superadas en muchos casos por los espectadores, que son bastante más hábiles y exigentes con las tramas. El caso es que después de meses de enloquecidos brochazos, ese guión termina por no gustar a nadie y se diluye aquella emoción inicial ya olvidada.

Se me van notando las heridas, ¿eh? En fin… que añoro a los productores capaces de transmitir su entusiasmo ¡a largo plazo!

El 16 de octubre del 97. Memorias se presentó oficialmente en la Gran Vía, en mi adorado Palacio de la Música, donde se estrenaban las películas de toda la vida, como Taxi Driver, que vivió allí más de un año.


Y previamente, Sitges, el mítico Festival. Tantos años leyendo crónicas de aquel paraíso de la fantasía y el terror, y de pronto, vernos ahí dentro, ¡charlando con Paul Schrader...!

Y además tuvimos una nominación al Goya a mejor dirección novel, cuando el cine de género, y más concretamente el de terror, nunca era tenido en cuenta. Quizá los académicos apreciaron ese aroma veraz que destila la película, gracias en parte a los escenarios reales donde se jugaba la historia.

A pesar de todo, durante un tiempo fui crítico con ella, contagiado quizá por sus resultados económicos poco favorables, gracias entre otras cosas a un silencioso lanzamiento de tan solo 19 copias. Sin darte ni cuenta, acabas valorando exclusivamente la taquilla, sin recordar que las películas que más te gustan fueron ignoradas en su momento.


Y fue el bendito vídeo (porque nació en VHS, ojo, cuna de toda una generación cinéfila), el posterior DVD, y los sucietes downloads que magnifican su feo etalonaje, los que consiguieron que la voz del espectador, Internet, la saludara desde hace años como a un pequeño clásico que entretiene y deja cierto poso.

Una primera película siempre va contigo. Es tu emblema, tu experiencia más notable, porque en cierta medida eres tú. Tu obra más genuina, hecha con la adorable inconsciencia del novel. Memorias nos permitió vivir todo el circuito propio del cine de verdad: la moviola, los festivales, la Gran Vía, la nominación al Goya, el VHS… y, sobre todo, López-Vázquez. Todo un ayer que se me hace más grande cada día.


Siempre decimos que hacemos las películas que nos gustaría ver, y en este caso es cierto, aunque llevo más de diez años sin verla. Y es que el proceso nos intoxica hasta que ya no contemplamos lo que realmente hay, sino un cúmulo de trucos, sorpresas, dolor, disparates, cansancio, sonrisas y renuncias, que terminan por diluir la historia.

Pero ahora creo que ha llegado el momento de disfrutarla de verdad, por primera vez, alejado del estruendoso proceso, y con la mayoría de los recuerdos difuminándose. Hoy, puede que sea simplemente aquella película que me apetecía ver. Y si es así, me sabrá a gloria.



PD. Memorias también fue una de las últimas películas que se lanzó con fotocromos (las láminas publicitarias que acompañan esta entrada), a pesar de que nunca fueron expuestos en ninguna sala de cine. Pero no sabéis la ilusión que me causó que se hicieran.